martes, diciembre 20, 2005

La libertad


Sé que es tarea difícil discutir sobre juicios fundamentales de valor. Si, por ejemplo, alguien aprueba, como fin, la erradicación del género humano de la tierra, es imposible refutar ese punto de vista desde bases racionales. Si, en cambio, hay acuerdo sobre determinados objetivos y valores se puede argüir con razón en cuanto a los medios
por los cuales pueden alcanzarse estos propósitos. Señalemos, entonces, dos objetivos sobre los cuales tal vez estén de acuerdo quienes lean estas líneas.

1. Los bienes esenciales destinados a sustentar la vida y la salud de todos los seres humanos, deberían producirse con el mínimo esfuerzo posible.
2. La satisfacción de las necesidades físicas es por supuesto la
condición previa indispensable para una existencia decorosa, si bien no es suficiente por sí sola. Para que los hombres se muestren satisfechos deben tener también la posibilidad de desarrollar su capacidad intelectual y artística según sus características y condiciones personales.

El primero dé estos fines exige la difusión de todos los conocimientos relacionados con las leyes de la naturaleza y de los procesos sociales, esto es, el impulso de todas las investigaciones científicas. La tarea científica resulta; por cierto, un conjunto natural, cuyas partes se
apoyan mutuamente, de tal manera que nadie puede prever, en efecto. No obstante, el progreso de la ciencia exige que sea posible la difusión sin restricciones de opiniones y consecuencias: libertad de expresión y de enseñanza en todos los ámbitos de la actividad intelectual. Por libertad debo suponer condiciones sociales de tal índole que el individuo que exponga sus modos de ver y las afirmaciones respecto a cuestiones científicas, de tipo general y particular, no enfrente por ello graves riesgos. Esta libertad de expresión es indispensable para el desarrollo y
crecimiento de los conocimientos científicos, un detalle de decisiva importancia práctica. En primer término, debe garantizarla la ley. Mas las leyes solas no logran asegurar la libertad de expresión; a fin de que el hombre pueda exponer sus opiniones sin riesgos serios debe existir
el espíritu de tolerancia en toda sociedad. Un ideal de libertad externa como éste jamás se logrará plenamente, aunque debe persistirse en él con empeño si queremos que el pensamiento científico avance sin tregua, lo mismo que el pensamiento filosófico y creador en general.

Para lograr el segundo objetivo, o sea que resulte posible el desarrollo espiritual de todos los individuos, es necesario un segundo género de libertad exterior. El individuo no ha de verse obligado a trabajar tanto para cubrir sus necesidades vitales que no le quede tiempo ni
fuerzas para sus actividades personales. Sin este segundo tipo de libertad externa, no servirá de nada la libertad de expresión. El progreso tecnológico tornaría posible esta forma de libertad si se alcanzase una división racional del trabajo.

La evolución de la ciencia y de las actividades creadoras del espíritu en general, reclama otro modo de libertad que puede calificarse de libertad interior. Esa libertad de espíritu consiste en pensar con independencia sobre las limitaciones y los prejuicios autoritarios y sociales así como frente a la rutina antifilosófica y el hábito embrutecedor del ambiente. Esta libertad interior es un raro privilegio de la naturaleza y un propósito digno para el individuo. Empero, la comunidad puede realizar también mucha labor de estímulo en este sentido, por lo menos al no poner trabas a la labor intelectual. Las escuelas y los sistemas de enseñanza obstaculizan a veces el desarrollo de la libertad interior con influencias autoritarias o cuando imponen a los jóvenes cargas espirituales excesivas; las instituciones de enseñanza pueden, por otra parte,
favorecer esta libertad si fomentan el pensamiento independiente. Únicamente si se prosigue con constancia y conciencia la libertad interior y la libertad externa es posible el progreso espiritual y el conocimiento y así mejorar la vida general del hombre en todos sus aspectos.


Albert Einstein

3 comentarios:

Pochenko dijo...

Guau! me gusta ser el 1º.

Mirá, de pique te diría que en la teoría concuerdo... en la práctica no. Decididamente, es necesario el acotamiento de la libertad, la no existencia de la represión sólo podría darse en una sociedad utópica donde la gente confluyera en sus pensamientos y eso, es imposible, en la realidad, de no existir la opresión, cualquiera haría lo que le viniera en gana y eso acabaría necesariamente en una mayor opresión. Dado que el humano no vive solo, el humano debe aprender a vivir en sociedad y eso, representa un sistema de valores y de actitudes impuestas lo cuál de por sí, ya es una limitante a su libertad.

Espero haber sido claro, este tipo de charla muchas veces se vuelve "confusa", aunque esta bueno que alguien lo exponga de tanto en tanto. Si bien quizá suene feo hacerse "auto-propaganda" te cuento que tengo un par de posts relacionados a esto y te pueden llegar a resultar interesantes (o no), están bajo el nombre de "segmento ensayístico ..." cualquier cosa si los lees, avisame que pensas...

SALUDOS!

AgustinZ dijo...

solo una consulta, vos decís que ", la no existencia de la represión sólo podría darse en una sociedad utópica", ¿vos no matás por el hecho de que de hacerlo podés ir preso?

Imaginal dijo...

Estooo...
No me gusta mucho intervenir, pero... quiero recordarle al compañero Pochenko que la represión es un mecanismo "develado" por Freud en el siglo XIX en un contexto donde la represión empezaba a tomar protagonismo entre otros factores por los "desatinos descontrolados" de la corriente romántica y por otro, por los intereses de la clase dominante, cada vez mas tecnocrática.
Antes pues nos matabamos como salvajes, mucho antes... y despues... nos seguimos matando como salvajes. Por eso creo que los alegatos en favor de la libertad-contrarrepresión no es productiva, pues los que utilizan el mecanismo de la contrarrepresión son los asesinos mejor pagados del sistema y a esos, Agustin, la cárcel no les da miedo